HEPATITIS VIRALES: [6]«Día Mundial contra la Hepatitis» (Actualización <> OMS, 28 de julio de 2018) /[5]«Hepatitis D» (Actualização <> OMS/Notas descriptivas, 23 de julio de 2018) /[4]«Hepatitis C» (Actualización <> OMS/Notas descriptivas, 18 de julio de 2018) /[3]«Hepatitis B» (Actualización <> OMS, Notas descriptivas, 18 de julio de 2018) /[2]«Hepatitis A» (OMS/Notas descriptivas, 5 de julio de 2017) /[1]«Hepatitis E» (OMS/Notas descriptivas, 3 de julio de 2017)




[6] «Día Mundial contra la Hepatitis» (Actualización)

(OMS / Día Mundial contra la Hepatitis 2018, 28 de julio de 2018)

FUENTE: OMS 2018 / Campañas mundiales de salud pública de la OMS / Campañas mundiales contra la hepatitis > Día Mundial contra la Hepatitis 2018

http://www.who.int/es/campaigns/world-hepatitis-day/2018

Día Mundial contra la Hepatitis

28 de julio de 2018

Hacerse pruebas. Tratarse. Curarse


Las hepatitis B y C son importantes problemas de salud que afectan a 325 millones de personas. Son causa de cáncer hepático y producen 1,34 millones de muertes al año.

Las hepatitis B y C son infecciones crónicas que pueden mantenerse asintomáticas durante años o decenios. Al menos un 60% de los casos de cáncer hepático se deben a un diagnóstico y tratamiento tardíos de las hepatitis B y C.

La baja cobertura de las pruebas diagnósticas y del tratamiento es el problema más importante que hay que resolver para lograr los objetivos de eliminación mundial para 2030.

En las celebraciones del Día Mundial contra la Hepatitis 2018, la OMS se centrará en el tema «Pruebas. Tratamiento. Hepatitis.».

 

Los eventos y las actividades de la OMS tienen los siguientes objetivos a nivel mundial, regional y nacional:

  • Respaldar la expansión de los servicios de prevención, diagnóstico, tratamiento y atención a la hepatitis, prestando especial atención a  las recomendaciones de la OMS.
  • Exponer las prácticas óptimas y fomentar la cobertura universal de los servicios relacionados con las hepatitis.
  • Mejorar las alianzas y la financiación de la lucha contra las hepatitis víricas.

Para conmemorar el Día Mundial contra la Hepatitis 2018, la OMS y el Gobierno de Mongolia organizarán en Ulaanbaatar una serie de eventos en los que participarán dirigentes de alto nivel, promotores y representantes de los pacientes de organizaciones mundiales, regionales y nacionales.

Se hará hincapié en las soluciones innovadoras y las alianzas necesarias para ampliar los servicios de diagnóstico y tratamiento de las hepatitis. Asimismo, se celebrará la estupenda experiencia que Mongolia ha aportado a la lucha mundial contra la hepatitis.

El diagnóstico y el tratamiento a tiempo de las hepatitis víricas B y C puede salvar vidas.

 



[5] «Hepatitis D» (Actualizaçã0)

(OMS / Notas descriptivas, 23 de julio de 2018)

FUENTE: OMS 2018 / Centro de prensa > Notas descriptivas

http://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/hepatitis-d

Hepatitis D

23 de julio de 2018

Datos y cifras

  • El virus de la hepatitis D (VHD) es un virus RNA cuya replicación requiere la presencia del virus de la hepatitis B (VHB). La infección por el VHD ocurre simultáneamente con la infección por el VHB o como sobreinfección.
  • El virus se transmite por contacto con la sangre u otros líquidos corporales de una persona infectada.
  • La transmisión vertical (de la madre al hijo) es rara.
  • En el mundo hay aproximadamente 15 millones de personas con coinfección crónica por el VHD y el VHB (1).
  • Por el momento no hay tratamiento antivírico eficaz contra la hepatitis D.
  • La infección por el VHD puede prevenirse mediante la vacunación contra la hepatitis B.

La hepatitis D es una enfermedad hepática que puede adoptar formas agudas o crónicas, y su agente etiológico, el VHD, requiere la presencia del VHB para replicarse. La infección por el VHD no es posible en ausencia del VHB. La coinfección o sobreinfección por ambos virus causa una enfermedad más grave que la infección únicamente por el VHB.

La única forma de prevenir la infección por el VHD es la vacunación contra la hepatitis B.

Distribución geográfica

Se calcula que un 5% de las personas HBsAg-positivas están coinfectadas por el VHD, cuya distribución es mundial. Las zonas con gran prevalencia son el Mediterráneo, Oriente Medio, Pakistán, Asia Central y Septentrional, Japón, Taiwán, Groenlandia, partes de África (sobre todo el Cuerno de África y África Occidental), la Cuenca Amazónica y algunas zonas del Pacífico. La prevalencia es baja en Norteamérica, Europa Septentrional, Sudáfrica y Asia Oriental.

Transmisión

Las vías de transmisión del VHD son las mismas que las del VHB: por contacto percutáneo o sexual con sangre o productos sanguíneos infectados. La transmisión vertical es posible, pero rara. La vacunación contra el VHB previene la coinfección por el VHD, por lo que la expansión de los programas de vacunación de los niños contra el VHB ha dado lugar a una reducción de la incidencia de la hepatitis D en todo el mundo. No obstante, en algunos entornos se ha observado un aumento de la prevalencia de la hepatitis D en consumidores de drogas inyectables o a consecuencia de migraciones con origen en zonas donde el VHD es endémico.

Síntomas

Hepatitis aguda: la infección simultánea por el VHB y el VHD puede producir hepatitis de leve a grave, incluso fulminante, pero la recuperación suele ser total y la hepatitis D crónica es rara (menos del 5% de los casos de hepatitis aguda).

Sobreinfección: el VHD puede infectar a personas que ya padecen infección crónica por el VHB. Esta sobreinfección por el VHD en casos de hepatitis B crónica acelera la progresión hacia formas más graves de la enfermedad en el 70-90% de los casos y en pacientes de todas las edades. La sobreinfección por el VHD acelera la progresión hacia la cirrosis, que aparece casi 10 años antes que en los casos de infección únicamente por el VHB, y ello a pesar de que el VHD suprime la replicación del VHB. Está por esclarecer el mecanismo a través del cual el VHD agrava la hepatitis y acelera la progresión de la fibrosis en comparación con la infección únicamente por el VHB.

¿Quiénes están en riesgo?

Los portadores crónicos del VHB están en riesgo de sufrir infección por el VHD.

Quienes no son inmunes al VHB (sea por enfermedad natural o por vacunación) corren el riesgo de infectarse con este virus, con el consiguiente riesgo de infección por el VHD.

Detección y diagnóstico

La infección por el VHD se diagnostica por la presencia de títulos elevados de inmunoglobulinas G y M anti-VHD, y se confirma por la detección de RNA del virus en el suero.

Sin embargo, la disponibilidad de las pruebas de diagnóstico del VHD es reducida, y las pruebas de detección del RNA del VHD, que también se utilizan para evaluar la respuesta al tratamiento antivírico, no están normalizadas.

Tratamiento

No hay tratamiento específico para la infección aguda ni crónica por el VHD. La replicación persistente del virus es el factor más importante para predecir la mortalidad y la necesidad de tratamiento antivírico. El interferón alfa pegilado es el único fármaco eficaz contra el VHD; los antivíricos análogos de los nucleótidos tienen escaso o nulo efecto en la replicación del VHD. La duración óptima del tratamiento no está bien definida, ni tampoco se sabe bien cuánto tiempo tienen que ser los pacientes negativos para el RNA del VHD al final de tratamiento para que logren una respuesta virológica sostenida. Puede ser necesario más de 1 año de tratamiento.

La tasa global de respuesta virológica sostenida sigue siendo baja, incluso en los niños, y la mayoría de los pacientes recidivan tras la interrupción del tratamiento. En casos de hepatitis fulminante y hepatopatía terminal puede ser necesario el trasplante de hígado. Son necesarios nuevos tratamientos y nuevas estrategias terapéuticas; se han obtenido resultados preliminares prometedores con fármacos novedosos, como los inhibidores de la prenilación o los inhibidores de la entrada del VHB.

Prevención

La prevención y el control de la infección por el VHD se basan en la prevención de la transmisión del VHB mediante la vacunación contra este virus, la seguridad de la sangre y de las inyecciones, y los servicios de reducción de daños. La vacunación contra la hepatitis B no protege contra el VHD a quienes ya están infectados por el VHB.

Respuesta de la OMS

La OMS no tiene recomendaciones específicas con respecto a la hepatitis D, pero la prevención de la transmisión del VHB mediante la vacunación contra la hepatitis B, las prácticas de inyección seguras y los servicios de reducción de daños mediante el suministro de jeringuillas y agujas estériles son eficaces para prevenir la transmisión del VHD.

En mayo de 2016, la Asamblea Mundial de la Salud adoptó la primera “Estrategia mundial del sector de la salud contra la hepatitis vírica, 2016-2021”, que destaca la función crucial de la cobertura sanitaria universal y cuyas metas están en línea con las de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. El objetivo final es eliminar las hepatitis víricas como problema de salud pública, y las metas consisten en reducir los casos incidentes en un 90% y la mortalidad en un 65% de aquí a 2030. La estrategia también define las medidas que han de adoptar los países y la Secretaría de la OMS para alcanzar dichas metas.

Con el fin de ayudar a los países a lograr los objetivos mundiales relativos a las hepatitis víricas en el marco de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, la OMS está trabajando en las siguientes esferas:

  • concienciación, promoción de alianzas y movilización de recursos;
  • formulación de políticas basadas en pruebas científicas y datos para la acción;
  • prevención de la transmisión, y
  • ampliación de los servicios de detección, atención y tratamiento.

Además, el 28 de julio de cada año, la OMS conmemora el Día Mundial contra la Hepatitis, con el fin de acrecentar la sensibilización y el conocimiento sobre las hepatitis víricas.

 



[4] «Hepatitis C» (Actualización)

(OMS / Notas descriptivas, 18 de julio de 2018)

FUENTE: OMS 2018 / Centro de prensa > Notas descriptivas

http://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/hepatitis-c

Hepatitis C

18 de julio de 2018

Datos y cifras

  • La hepatitis C es una enfermedad del hígado causada por el virus del mismo nombre; ese virus puede causar hepatitis, tanto aguda como crónica, cuya gravedad varía entre una dolencia leve que dura algunas semanas, y una enfermedad grave de por vida.
  • El virus de la hepatitis C se transmite a través de la sangre, y la mayoría de las infecciones se producen por exposición a pequeñas cantidades de sangre a través del consumo de drogas inyectables, de prácticas de inyección o de atención sanitaria poco seguras y de la transfusión de sangre y productos sanguíneos sin analizar.
  • Se estima que hay en el mundo 71 millones de personas con infección crónica por el virus de la hepatitis C.
  • Un número considerable de esas personas con infección crónica desarrollarán cirrosis o cáncer de hígado.
  • Cada año mueren unas 399 000 personas debido a la hepatitis C, sobre todo por cirrosis y carcinoma hepatocelular.
  • Los antivíricos pueden curar más del 95% de los casos de infección por el virus de la hepatitis C, lo que reduce el riesgo de muerte por cáncer de hígado y cirrosis, pero el acceso al diagnóstico y el tratamiento es limitado.
  • En la actualidad no existe ninguna vacuna contra la hepatitis C, pero la investigación en esa esfera continúa.

El virus de la hepatitis C (VHC) causa infección aguda y crónica. Por lo general, la infección aguda es asintomática y en raras ocasiones (o en ninguna) se asocia a una enfermedad potencialmente mortal. Aproximadamente un 15-45% de las personas infectadas elimina el virus espontáneamente en un plazo de seis meses, sin necesidad de tratamiento alguno.

El 60-80% restante desarrollará infección crónica, y en estos casos el riesgo de cirrosis hepática a los 20 años es del 15-30%.

Distribución geográfica

La hepatitis C es prevalente en todo el mundo. Las regiones de la OMS más afectadas son las del Mediterráneo Oriental y Europa, con una prevalencia del 2,3% y 1,5% respectivamente. La prevalencia de la infección por VHC en otras regiones de la OMS oscila entre el 0,5% y el 1,0%. En función del país, la infección por el virus de la hepatitis C puede concentrarse en algunas poblaciones (por ejemplo, entre los consumidores de drogas inyectables), y/o en la población en general. Existen numerosas cepas (o genotipos) del VHC, cuya distribución es variable según la región.

Transmisión

El virus de la hepatitis C se transmite por la sangre. Generalmente se transmite:

  • al consumir drogas inyectables y compartir el material de inyección;
  • en entornos sanitarios, debido a la reutilización o la esterilización inadecuada de equipo médico, especialmente jeringas y agujas;
  • a través de transfusiones de sangre y productos sanguíneos sin analizar.

El VHC también se puede transmitir por vía sexual y pasar de la madre infectada a su hijo, aunque estas formas de transmisión son menos frecuentes.

La hepatitis C no se transmite a través de la leche materna, los alimentos o el agua, ni por contacto ocasional, por ejemplo, abrazos, besos y comidas o bebidas compartidas con una persona infectada.

Las estimaciones obtenidas por modelización indican que en el mundo hubo 1,75 millones de nuevas infecciones por VHC en 2015 (23,7 por 100 000 personas).

Síntomas

El período de incubación de la hepatitis C puede variar de dos semanas a seis meses. Tras la infección inicial, aproximadamente un 80% de los casos no presentan síntomas. Aquellos con sintomatología aguda pueden presentar fiebre, cansancio, inapetencia, náuseas, vómitos, dolor abdominal, orinas oscuras, heces claras, dolores articulares e ictericia (coloración amarillenta de la piel y los ojos).

Diagnóstico

Dado que la infección aguda por el VHC es generalmente asintomática, pocos son los casos diagnosticados en la fase aguda. A menudo, la infección crónica por el VHC también queda sin diagnosticar porque se mantiene asintomática hasta décadas después, cuando aparecen síntomas secundarios al daño hepático grave.

La infección con el VHC se diagnostica en dos etapas:

  • La detección de anticuerpos anti-VHC con una prueba serológica revela la infección.
  • Si los anticuerpos anti-VHC son positivos, para confirmar la infección crónica se necesita una prueba que detecte el ácido ribonucleico (RNA) del virus. Ello es así porque un 30% de las personas infectadas por el VHC eliminan espontáneamente la infección mediante una respuesta inmunitaria fuerte, sin necesidad de tratamiento, y aunque ya no estén infectadas seguirán teniendo los anticuerpos anti-VHC positivos.

Una vez diagnosticada una hepatitis C crónica se deberá evaluar el grado de daño hepático (fibrosis o cirrosis). Esto puede hacerse por biopsia hepática o por diversas pruebas no invasivas.

Además, se debería realizar una prueba de laboratorio para identificar el genotipo del virus. Hay seis genotipos del VHC, y su respuesta al tratamiento es diferente. Por otra parte, una misma persona puede estar infectada por más de un genotipo. El grado de daño hepático y el genotipo del virus se utilizan para orientar las decisiones terapéuticas y la conducta clínica.

Hacerse las pruebas

El diagnóstico precoz puede prevenir problemas de salud derivados de la infección, y también la transmisión del virus. La OMS recomienda el cribado en personas que puedan correr un alto riesgo de infección.

Los grupos de población más expuestos al riesgo de infección por el VHC son:

  • los consumidores de drogas inyectables;
  • los consumidores de drogas por vía intranasal;
  • los receptores de productos sanguíneos infectados, y los pacientes sometidos a intervenciones invasivas en centros sanitarios cuyas prácticas de control de la infección son inapropiadas;
  • los niños nacidos de madres infectadas por el VHC;
  • personas cuyas parejas sexuales están infectadas por el VHC;
  • personas infectadas por el VIH;
  • reclusos o exreclusos, y
  • personas que hayan tenido tatuajes o perforaciones ornamentales (piercings).

De los 36,7 millones de personas que se calcula que hay en el mundo infectadas por el VIH, unos 2,3 millones tienen pruebas serológicas de infección pasada o presente por el VHC. En las personas infectadas por el VIH, la prevalencia de anticuerpos anti-VHC era del 6,2%. Las hepatopatías representan una importante causa de morbilidad y mortalidad entre los infectados por el VIH.

Tratamiento

La hepatitis C no siempre requiere tratamiento, porque en algunas personas la respuesta inmunitaria eliminará la infección espontáneamente y algunas personas con infección crónica no llegan a presentar daño hepático. Cuando el tratamiento es necesario, el objetivo es la curación. La tasa de curación depende de algunos factores tales como la cepa del virus y el tipo de tratamiento que se dispensa.

El tratamiento de la hepatitis C está cambiando rápidamente. El sofosbuvir, el daclatasvir y la combinación de sofosbuvir/ledipasvir forman parte de los tratamientos preferidos en las directrices de la OMS, y pueden lograr tasas de curación superiores al 95%.

Estos medicamentos son mucho más eficaces y seguros, y mejor tolerados que los tratamientos antiguos. El tratamiento con antivíricos de acción directa (AAD) puede curar a la mayoría de las personas infectadas por el VHC y es más breve (normalmente 12 semanas). La OMS está actualizando sus directrices terapéuticas para incluir los tratamientos con AAD pangenotípicos y simplificar el monitoreo de laboratorio. Sin embargo, el interferón pegilado y la ribavirina siguen teniendo una aplicación muy limitada en algunas circunstancias. Aunque los costos de producción son bajos, los AAD antivíricos siguen siendo muy caros en muchos países de ingresos altos y medianos-altos. Sus precios se han reducido drásticamente en algunos países (sobre todo de ingresos bajos), gracias a la introducción de genéricos.

El acceso al tratamiento del VHC está mejorando, pero sigue siendo limitado. En 2015, de los 71 millones de personas que había en el mundo infectadas por este virus, solo el 20% (14 millones) estaban diagnosticadas. Ese mismo año, solo se inició el tratamiento en el 7,4% de los casos diagnosticados (1,1 millones). En 2016 se trataron 1,76 millones de personas más, con lo que la cobertura mundial del tratamiento curativo de la hepatitis C se elevó al 13%. Queda mucho por hacer para que el mundo alcance de aquí a 2030 la meta de una cobertura terapéutica del 80%.

Prevención

Prevención primaria

Como no hay vacunas para prevenir la infección por el VHC, la prevención depende de la reducción del riesgo de exposición al virus en el entorno sanitario, en los grupos de población de alto riesgo, como los consumidores de drogas inyectables, y en los contactos sexuales.

A continuación se enumeran algunos ejemplos de intervenciones de prevención primaria recomendadas por la OMS:

  • higiene de las manos, incluida la preparación de las manos para la cirugía, el lavado de las manos y el uso de guantes;
  • uso seguro y apropiado de las inyecciones en la atención sanitaria;
  • manipulación y eliminación segura de objetos afilados y desechos;
  • prestación de servicios integrales de reducción de daños a los consumidores de drogas inyectables, por ejemplo proporcionando material de inyección estéril;
  • análisis de la sangre donada para detectar las hepatitis B y C (así como el VIH y la sífilis);
  • capacitación del personal sanitario; y
  • promoción del uso correcto y sistemático de preservativos.

Prevención secundaria y terciaria

Para las personas infectadas por el virus de la hepatitis C la OMS recomienda:

  • información y asesoramiento sobre opciones de atención y tratamiento;
  • vacunación contra las hepatitis A y B para prevenir la coinfección por esos virus y proteger el hígado;
  • tratamiento médico temprano y adecuado, incluida, si procede, la terapia antivírica; y
  • seguimiento periódico para el diagnóstico precoz de la enfermedad hepática crónica.

Detección, atención y tratamiento de las personas infectadas por el VHC

En abril de 2016 la OMS actualizó sus Directrices para la detección, atención y tratamiento de las personas con hepatitis C crónica, que complementan las orientaciones ya existentes de la Organización con respecto a la prevención de la transmisión de virus por la sangre, entre ellos el VHC.

Están dirigidas a instancias normativas, funcionarios gubernamentales y encargados de desarrollar programas de detección del VHC y de atención y tratamiento de las personas infectadas en países de ingresos bajos y medianos. Esas directrices ayudarán a ampliar los servicios de tratamiento para pacientes con VHC, por cuanto ofrecen recomendaciones clave en esas áreas y examinan consideraciones relativas a su implementación.
(La OMS está elaborando directrices de tratamiento actualizadas que se publicarán a mediados de 2018).

A nivel mundial, el número anual de personas que iniciaron el tratamiento para curar el virus de la hepatitis C (VHC) aumentó de alrededor de 1 millón en 2015 a 1,5 millones en 2016. A finales de 2016, el número acumulado de personas que han accedido que habían accedido a DAA para curar el VHC a casi 3 millones.

Resumen de las principales recomendaciones

Recomendaciones sobre la detección de la infección por el VHC

1. Cribado para identificar a las personas infectadas por el VHC

Se recomienda proponer la realización de pruebas serológicas a personas pertenecientes a grupos de población con elevada prevalencia de infección por el VHC o con antecedentes de exposición o comportamientos de riesgo.

2. Cuándo confirmar el diagnóstico de infección crónica por el VHC

Si las pruebas serológicas son positivas se recomienda la realización posterior de una prueba de detección del RNA del VHC, a fin de confirmar el diagnóstico de infección crónica. Las pruebas de detección del RNA del VHC también se recomiendan para determinar si hay que administrar un tratamiento para la hepatitis C.

Recomendaciones sobre la atención a las personas infectadas por el VHC

3. Detección del consumo de alcohol y asesoramiento para reducir el consumo moderado y alto

Se recomienda evaluar el consumo de alcohol de todas las personas infectadas por el VHC y, posteriormente, ofrecer una intervención destinada a reducirlo si es moderado o alto.

4. Evaluación del grado de fibrosis y cirrosis del hígado

En entornos con escasos recursos se recomienda evaluar la fibrosis hepática mediante la determinación de la razón entre la aspartato-aminotransferasa y las plaquetas (APRI) o un índice similar (FIB4), en vez de otras pruebas no invasivas que requieren más recursos, como la elastografía o el denominado Fibrotest.

Recomendaciones sobre el tratamiento de la hepatitis C

5. Evaluación para el tratamiento

Se debería evaluar la posibilidad de administrar tratamiento antivírico en todos los adultos y niños con infección crónica por el VHC.

6. Tratamiento con AAD

La OMS recomienda los tratamientos basados en los AAD para todos los pacientes con hepatitis C, excepto algunos casos concretos en los que todavía se pueden utilizar los tratamientos basados en el interferón (tratamiento alternativo para pacientes infectados por VHC de los genotipos 5 o 6 y para pacientes infectados por VHC del genotipo 3 que también presenten cirrosis).

7. Deberían abandonarse el telaprevir y el boceprevir

Estos dos AAD de primera generación, que se administran junto con interferón pegilado y ribavirina, eran los recomendados en las directrices de 2014. Sin embargo, ahora hay pruebas de que los efectos adversos son más frecuentes, y la curación más rara, con estos fármacos que con los AAD más recientes. Por consiguiente, la OMS ya no los recomienda.

8. La OMS recomienda tratamientos con AAD alternativos, basándolos en el genotipo y la cirrosis

El grupo que elaboró las directrices examinó todos los datos disponibles (más de 200 estudios) para determinar los tratamientos más eficaces y seguros para cada uno de los 6 genotipos.

Respuesta de la OMS

En mayo de 2016, la Asamblea Mundial de la Salud adoptó la primera Estrategia mundial del sector de la salud contra la hepatitis vírica, 2016-2021, que destaca la función crucial de la cobertura sanitaria universal y cuyas metas están alineadas con las de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. El objetivo final es eliminar las hepatitis víricas como problema de salud pública, y las metas consisten en reducir los casos incidentes en un 90% y la mortalidad en un 65% de aquí a 2030. La estrategia también define las medidas que han de adoptar los países y la Secretaría de la OMS para alcanzar dichas metas.

Con el fin de ayudar a los países a lograr los objetivos mundiales relativos a las hepatitis víricas en el marco de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, la OMS está trabajando en las siguientes esferas:

  • concienciación, promoción de alianzas y movilización de recursos;
  • formulación de políticas basadas en pruebas científicas y datos para la acción;
  • prevención de la transmisión, y
  • ampliación de los servicios de detección, atención y tratamiento.

La OMS publicó el Informe mundial sobre las hepatitis, 2017, en el que se establecen los puntos de referencia del impulso hacia la eliminación. En el informe se recogen estadísticas mundiales sobre las hepatitis víricas B y C, la tasa de nuevas infecciones, la prevalencia de las infecciones crónicas y la mortalidad provocada por esos dos virus de la hepatitis, que tan gran carga conllevan, así como la cobertura de intervenciones básicas, todo ello actualizado a finales de 2015. La publicación está disponible en el siguiente enlace:

Además, el 28 de julio de cada año, la OMS conmemora el Día Mundial contra la Hepatitis, con el fin de acrecentar la sensibilización y el conocimiento sobre las hepatitis víricas.

 



[3] «Hepatitis B» (Actualización)

(OMS / Notas descriptivas, 18 de julio de 2018)

FUENTE: OMS 2018 / Centro de prensa > Notas descriptivas

http://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/hepatitis-b

Hepatitis B

18 de julio de 2018

Datos y cifras

  • La hepatitis B es una infección vírica del hígado que puede dar lugar tanto a un cuadro agudo como a una enfermedad crónica.
  • El virus se transmite por contacto con la sangre u otros líquidos corporales de una persona infectada.
  • Se estima que hay 257 millones de personas con infección crónica por el virus de la hepatitis B (definidas como positivas al antígeno superficial del virus de la hepatitis B).
  • En 2015, la hepatitis B ocasionó 887 000 muertes, la gran mayoría debido a sus complicaciones (incluida la cirrosis y el carcinoma hepatocelular).
  • La hepatitis B representa un importante riesgo laboral para los profesionales sanitarios.
  • La hepatitis B es prevenible con la vacuna actualmente disponible, que es segura y eficaz.

La hepatitis B es una infección hepática potencialmente mortal causada por el virus de la hepatitis B (VHB). Constituye un importante problema de salud a nivel mundial. Puede causar hepatopatía crónica y conlleva un alto riesgo de muerte por cirrosis y cáncer hepático.

Desde 1982 se dispone de una vacuna contra la hepatitis B con una eficacia del 95% en la prevención de la infección y la aparición de una enfermedad crónica y cáncer de hígado debido a la hepatitis B.

Distribución geográfica

La máxima prevalencia de la hepatitis B se registra en las regiones de la OMS del Pacífico Occidental y de África, en las que el 6,2% y el 6,1% de la población adulta, respectivamente, está infectada.
En las regiones de la OMS del Mediterráneo Oriental, de Asia Sudoriental y de Europa se calcula que, un 3,3%, un 2,0% y un 1,6% de la población, respectivamente, padece infección. En la región de la OMS de las Américas, el porcentaje de personas con hepatitis B es del 0,7.

Transmisión

El virus de la hepatitis B puede sobrevivir fuera del organismo por lo menos siete días. En ese periodo todavía puede causar infección si penetra en el organismo de una persona no protegida por la vacuna. El periodo medio de incubación de la hepatitis B es de 75 días, pero puede oscilar entre 30 y 180 días. El virus, que puede detectarse entre 30 y 60 días después de la infección, puede persistir y dar lugar a una hepatitis B crónica.

En zonas con alta endemicidad, el virus de la hepatitis B se transmite normalmente de la madre al niño durante el parto (transmisión perinatal) o por transmisión horizontal (exposición a sangre infectada), en particular de un niño infectado a un niño sano durante los primeros cinco años de vida. La aparición de infección crónica es muy común en los lactantes infectados a través de su madre o antes de los 5 años de edad.

La hepatitis B también se transmite por exposición percutánea o de las mucosas a sangre o diferentes líquidos corporales infectados, así como a través de la saliva y los líquidos menstruales, vaginales y seminales. La hepatitis B puede transmitirse igualmente por vía sexual, especialmente en el caso de hombres sin vacunar que mantienen relaciones sexuales con hombres y de personas heterosexuales con múltiples parejas sexuales o que tienen contacto con profesionales del sexo.

La infección en la edad adulta desemboca en hepatitis crónica en menos del 5% de los casos. El virus también puede transmitirse con la reutilización de agujas y jeringas bien en entornos sanitarios o entre consumidores de drogas inyectables. Además, puede producirse la infección durante procedimientos médicos, quirúrgicos y dentales, la aplicación de tatuajes o mediante el uso de cuchillas de afeitar y objetos similares contaminados con sangre infectada.

Síntomas

La mayor parte de los afectados no experimentan síntomas durante la fase de infección aguda, aunque algunas personas presentan un cuadro agudo con síntomas que duran varias semanas e incluyen coloración amarillenta de la piel y los ojos (ictericia), orina oscura, fatiga extrema, náusea, vómitos y dolor abdominal. Un pequeño grupo de personas con hepatitis aguda puede sufrir insuficiencia hepática aguda, que puede provocar la muerte.

En algunos casos la hepatitis B puede causar también una infección hepática crónica, que posteriormente puede dar lugar a cirrosis hepática o cáncer de hígado.

¿Quiénes corren riesgo de sufrir la enfermedad de forma crónica?

La probabilidad de que la infección se cronifique depende de la edad a la que se produzca. Los niños infectados con el virus de la hepatitis B antes de cumplir los seis años son los más expuestos al riesgo de sufrir infecciones crónicas:

En los lactantes y niños:

  • entre un 80% y un 90% de los lactantes infectados en el primer año de vida sufrirán una infección crónica; y
  • entre un 30% y un 50% de los niños infectados antes de cumplir los seis años sufrirán una infección crónica.

En los adultos:

  • menos de un 5% de las personas sanas que se infecten en la edad adulta sufrirán una infección crónica; y
  • entre un 20% y un 30% de los adultos que padecen una infección crónica sufrirán cirrosis y/o cáncer hepático.

Coinfección por el VHB y el VIH

Aproximadamente el 1% de las personas infectadas por el VHB (2,7 millones) también lo están por el VIH. Por otra parte, la prevalencia mundial de la infección por el VHB en personas infectadas por el VIH es del 7,4%. Desde 2015, la OMS recomienda el tratamiento de todas las personas diagnosticadas de infección por el VIH, independientemente del estadio de la enfermedad. El tenofovir, que forma parte de las combinaciones de primera línea recomendadas para el tratamiento de la infección por el VIH, también es activo frente al VHB.

Diagnóstico

Las manifestaciones clínicas no permiten diferenciar la hepatitis B de la hepatitis causada por otros agentes virales y, consiguientemente, es esencial la confirmación del diagnóstico en laboratorio. Se dispone de algunas pruebas de sangre para diagnosticar la hepatitis B y hacer el seguimiento de los pacientes. Mediante esas pruebas se pueden distinguir las infecciones agudas y las crónicas.
El diagnóstico de laboratorio de la hepatitis B se centra en la detección del antígeno superficial del virus de la hepatitis B (HBsAg). La OMS recomienda que se analicen todas las donaciones de sangre para detectar la infección, garantizar la seguridad de la sangre y evitar la transmisión accidental del virus a los receptores.

  • La infección aguda por el virus de la hepatitis B se caracteriza por la presencia del HBsAg y de la inmunoglobulina M (IgM) en el antígeno del núcleo (HBcAg). En la fase inicial de la infección los pacientes también son seropositivos para el antígeno e de la hepatitis B (HBeAg). Este antígeno es normalmente un marcador de que el virus se replica de forma intensa y su presencia indica que la sangre y los líquidos corporales de la persona infectada son muy infecciosos.
  • La infección crónica se caracteriza por la persistencia (más de seis meses) del HBsAg (con o sin concurrencia de HBeAg). La persistencia del HBsAg es el principal marcador del riesgo de sufrir una hepatopatía crónica y cáncer de hígado (carcinoma hepatocelular) posteriormente.

Tratamiento

No hay un tratamiento específico contra la hepatitis B aguda. Por tanto, la atención se centra en mantener el bienestar y un equilibrio nutricional adecuado, especialmente la reposición de los líquidos perdidos por los vómitos y la diarrea.
La infección crónica por el virus de la hepatitis B puede tratarse con medicamentos, en particular agentes antivirales orales. El tratamiento puede ralentizar el avance de la cirrosis, reducir la incidencia de cáncer de hígado y mejorar la supervivencia a largo plazo.

La OMS recomienda la administración de tratamientos orales (tenofovir o entecavir) porque son los fármacos más potentes para suprimir el virus de la hepatitis B. Rara vez desembocan en farmacorresistencia en comparación con otros fármacos, son fáciles de tomar (1 pastilla al día) y tienen pocos efectos secundarios, por lo que solo exigen un seguimiento limitado.

El entecavir ya no está protegido por patente, pero su disponibilidad y costos son muy variables. A su vez, el tenofovir está protegido por patente hasta 2018 en la mayoría de los países de ingresos altos y medios-altos, en los que el costo de un año de tratamiento oscilaba en febrero de 2017 entre US$ 400 y US$ 1500. Aunque algunos países de ingresos medios-altos, como China o la Federación de Rusia, todavía tienen obstáculos relacionados con la patente para acceder al tenofovir, el tenofovir genérico es asequible en la mayoría de los países en los que hay acceso a él. El Mecanismo Mundial de Información sobre Precios indica que el costo de un año de tratamiento oscilaba en febrero de 2017 entre US$ 48 y US$ 50.

Ahora bien, en la mayoría de las personas el tratamiento no cura la infección por el virus de la hepatitis B, tan solo suprime la replicación del virus. Por tanto, cuando se inicia el tratamiento contra la hepatitis B, se debe continuar durante toda la vida.

En muchos entornos de escasos recursos el acceso al diagnóstico y tratamiento contra la hepatitis B sigue siendo limitado. En 2015, solo el 9% (22 millones) de los 257 millones de personas con infección por el VHB estaban diagnosticadas. Entre los casos diagnosticados, la cobertura mundial del tratamiento era de tan solo un 8% (1,7 millones). Muchas personas solo son diagnosticadas cuando ya tienen hepatopatía avanzada.

Entre las complicaciones a largo plazo de las infecciones por el VHB, la cirrosis y el carcinoma hepatocelular son causa de una gran carga de morbilidad. El cáncer de hígado avanza rápidamente y, puesto que las opciones de tratamiento son reducidas, el desenlace es por lo general descorazonador. En los entornos de ingresos bajos, la mayoría de las personas con cáncer de hígado muere a los pocos meses del diagnóstico. En los países de ingresos altos, la cirugía y la quimioterapia pueden prolongar la vida unos cuantos años, y el trasplante de hígado se utiliza en pacientes con cirrosis, con resultados variables.

Prevención

La vacuna contra la hepatitis B es el principal pilar de la prevención de esa enfermedad. La OMS recomienda que se administre a todos los lactantes lo antes posible tras el nacimiento, preferentemente en las primeras 24 horas. La baja incidencia actual de infección crónica por el VHB en menores de 5 años es atribuible al uso generalizado de la vacuna contra la hepatitis B.

La prevalencia mundial estimada de la infección por el VHB en este grupo de edad era en 2015 de aproximadamente un 1,3%, en comparación con alrededor de un 4,7% en la era anterior a la vacunación. La dosis inicial deberá ir seguida de dos o tres dosis para completar la serie primaria. En la mayoría de los casos se considera apropiada cualquiera de las dos opciones siguientes:

  • tres dosis de la vacuna; la primera (monovalente) al nacer, y las dos subsiguientes (monovalentes o combinadas) al mismo tiempo que las dosis primera y tercera de la vacuna contra la difteria, la tos ferina y el tétanos (DTP); o
  • cuatro dosis de la vacuna; la primera (monovalente) al nacer, y las tres subsiguientes (monovalentes o combinadas) al mismo tiempo que otras vacunas infantiles sistemáticas.

La serie completa de vacunas genera anticuerpos que alcanzan niveles de protección superiores al 95% en lactantes, niños y adultos jóvenes. La protección dura por lo menos 20 años, y probablemente toda la vida. Por lo tanto, la OMS no recomienda dosis de refuerzo en las personas que hayan recibido la serie completa de la vacuna en tres dosis.

En los países de endemicidad baja o intermedia se debe vacunar a todos los niños y adolescentes menores de 18 años que no estén vacunados. En esos entornos es posible que más personas de los grupos de alto riesgo adquieran la infección, por lo que también deberían ser vacunadas. Esto incluye a:

  • personas que necesitan transfusiones frecuentes de sangre o productos sanguíneos, pacientes sometidos a diálisis y receptores de trasplantes de órganos sólidos;
  • reclusos;
  • consumidores de drogas inyectables;
  • parejas sexuales o personas que conviven con pacientes con infección crónica por el virus de la hepatitis B;
  • personas con múltiples parejas sexuales;
  • personal sanitario y otras personas que por su trabajo podrían estar expuestas al contacto con sangre y productos sanguíneos; y
  • personas que no hayan recibido la serie completa de vacunas contra la hepatitis B y prevean viajar a zonas en las que la enfermedad sea endémica.

La vacuna tiene un excelente historial de seguridad y eficacia. Desde 1982 se han administrado más de mil millones de dosis en todo el mundo. En muchos países en los que entre un 8% y un 15% de los niños solían infectarse de forma crónica con el virus de la hepatitis B, la vacunación ha reducido esa tasa a menos del 1% entre los niños vacunados.

En 2015, la cobertura mundial con tres dosis de vacuna llegó al 84%, y la cobertura mundial con la dosis al nacer fue del 39%. Las Américas y el Pacífico Occidental son las únicas regiones de la OMS con una amplia cobertura.

Por otra parte, la aplicación de estrategias sobre seguridad de los productos sanguíneos, en particular las pruebas de detección de calidad asegurada para toda la sangre y los componentes sanguíneos donados destinados a transfusión, pueden prevenir la transmisión del virus de la hepatitis B. En 2013, el 97% de las donaciones mundiales de sangre fueron sometidas a cribado y tuvieron garantía de la calidad, pero sigue habiendo deficiencias.

Las prácticas para la seguridad de las inyecciones, al eliminar inyecciones innecesarias e inseguras, pueden ser eficaces para proteger contra la transmisión del virus de la hepatitis B. Las inyecciones realizadas en condiciones no seguras han disminuido del 39% en 2000 al 5% en 2010. Asimismo, adoptar prácticas sexuales más seguras, por ejemplo reducir al mínimo el número de parejas sexuales y utilizar medidas de protección (preservativos), protege contra la transmisión.

Respuesta de la OMS

En marzo de 2015 la OMS publicó sus primeras directrices para la prevención, la atención y el tratamiento de las personas con infección crónica por el virus de la hepatitis B, en las que se recomienda lo siguiente:

  • promover la utilización de pruebas de diagnóstico sencillas y no invasivas para evaluar el estadio de la hepatopatía y, de esta forma, determinar quién necesita tratamiento;
  • dar prioridad al tratamiento de las personas en el estadio más avanzado de hepatopatía y con mayor riesgo de morir; y
  • recomendar preferiblemente el uso de análogos de nucleós(t)idos con una elevada barrera a la farmacorresistencia (tenofovir y entecavir, y entecavir en niños de 2 a 11 años de edad) como tratamiento de primera y segunda línea.

En las directrices se recomienda también el tratamiento de por vida de las personas con cirrosis, la vigilancia periódica de la evolución de la enfermedad y la toxicidad de los fármacos, y la detección temprana del cáncer hepático.

En mayo de 2016, la Asamblea Mundial de la Salud adoptó la primera Estrategia mundial del sector de la salud contra la hepatitis vírica, 2016-2021, que destaca la función crucial de la cobertura sanitaria universal y cuyas metas están alineadas con las de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. El objetivo final es eliminar las hepatitis víricas como problema de salud pública, y las metas consisten en reducir los casos incidentes en un 90% y la mortalidad en un 65% de aquí a 2030. La estrategia también define las medidas que han de adoptar los países y la Secretaría de la OMS para alcanzar dichas metas.

Con el fin de ayudar a los países a lograr los objetivos mundiales relativos a las hepatitis víricas en el marco de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, la OMS está trabajando en las siguientes esferas:

  • sensibilización, promoción de alianzas y movilización de recursos;
  • formulación de políticas basadas pruebas científicas y datos para la acción;
  • prevención de la transmisión;
  • ampliación de los servicios de detección, atención y tratamiento.

Además, el 28 de julio de cada año, la OMS conmemora el Día Mundial contra la Hepatitis, con el fin de acrecentar la sensibilización y el conocimiento de la hepatitis viral.

 



[2] «Hepatitis A»

(OMS / Notas descriptivas, 5 de julio de 2017)

FUENTE: OMS 2017 / Centro de prensa > Notas descriptivas

http://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/hepatitis-a

Hepatitis A

5 de julio de 2017

Datos y cifras

  • La hepatitis A es una virosis hepática que puede causar morbilidad moderada a grave.
  • El virus de la hepatitis A (VHA) se transmite por la ingestión de alimentos o bebidas contaminados o por contacto directo con una persona infectada por el virus.
  • Casi todos los pacientes con hepatitis A se recuperan totalmente y adquieren inmunidad de por vida. No obstante, una proporción muy pequeña de casos pueden morir de hepatitis fulminante.
  • El riesgo de infección por el virus de la hepatitis A se asocia a la falta de agua salubre y a las malas condiciones higiénicas (manos sucias, por ejemplo) y de saneamiento.
  • Las epidemias se pueden propagar de manera explosiva y causar pérdidas económicas considerables.
  • Hay vacunas seguras y eficaces para prevenir la hepatitis A.
  • El suministro de agua salubre, la inocuidad de los alimentos, las mejoras del saneamiento, el lavado de las manos y la vacuna contra la hepatitis A son los medios más eficaces para luchar contra la enfermedad.

La hepatitis A es una enfermedad hepática causada por el virus de la hepatitis A (VHA). Éste se transmite principalmente cuando una persona no infectada (y no vacunada) come o bebe algo contaminado por heces de una persona infectada por ese virus. La enfermedad está estrechamente asociada a la falta de agua salubre, un saneamiento deficiente y una mala higiene personal.

A diferencia de las hepatitis B y C, la hepatitis A no causa hepatopatía crónica y rara vez es mortal, pero puede causar síntomas debilitantes y hepatitis fulminante (insuficiencia hepática aguda), que se asocia a una alta mortalidad.

La hepatitis A se presenta esporádicamente y en epidemias en el mundo entero, y tiende a reaparecer periódicamente. El virus de la hepatitis A es una de las causas más frecuentes de infección de transmisión alimentaria.

Las epidemias asociadas a alimentos o agua contaminados pueden aparecer de forma explosiva, como la epidemia registrada en Shangai en 1988, que afectó a unas 300 000 personas1. Los virus de la hepatitis A persisten en el medio y pueden resistir los procesos de producción de alimentos usados habitualmente para inactivar y/o controlar las bacterias patógenas.

La enfermedad puede tener consecuencias económicas y sociales graves en las comunidades. Los pacientes pueden tardar semanas o meses en recuperarse y reanudar sus actividades laborales, escolares o cotidianas. La repercusión en los establecimientos de comidas contaminados por el virus y en la productividad local en general pueden ser graves.

Distribución geográfica

Se pueden distinguir zonas geográficas de nivel elevado, intermedio o bajo de infección por VHA.

Zonas con altos niveles de infección

En los países en desarrollo con condiciones de saneamiento y prácticas de higiene deficientes, la mayoría de los niños (90%) han sufrido la infección antes de los 10 años2. Los infectados durante la infancia no padecen síntomas visibles. Las epidemias son poco frecuentes porque los niños más mayores y los adultos suelen estar inmunizados. En estas zonas las tasas de morbilidad sintomática son bajas y los brotes epidémicos son raros.

Zonas con niveles intermedios de infección

En los países en desarrollo, los países con economías en transición y las regiones con niveles desiguales de saneamiento, los niños suelen eludir la infección durante la primera infancia y llegan a la edad adulta sin inmunidad. Paradójicamente, esas mejoras de la situación económica y del saneamiento pueden traducirse en un aumento del número de adultos que nunca se han infectado y que carecen de inmunidad. Esta mayor vulnerabilidad en los grupos de más edad puede aumentar las tasas de morbilidad y produce grandes grandes brotes epidémicos.

Zonas con bajos niveles de infección

En los países desarrollados con buen nivel de saneamiento e higiene las tasas de infección son bajas. La enfermedad puede aparecer en adolescentes y adultos de los grupos de alto riesgo, como los consumidores de drogas inyectables, los hombres con relaciones homosexuales y las personas que viajan a zonas de alta endemicidad, así como en algunas poblaciones aisladas, como las comunidades religiosas cerradas. Sin embargo, cuando el virus se introduce en esos grupos de población, la buena higiene detiene la transmisión de persona a persona y los brotes se extinguen rápidamente.

Transmisión

El virus de hepatitis A se transmite principalmente por vía fecal-oral, esto es, cuando una persona no infectada ingiere alimentos o agua contaminados por las heces de una persona infectada. En las familias esto puede ocurrir a través de la suciedad de las manos del miembro de la familia encargado de la preparación de los alimentos. Los brotes transmitidos por el agua, aunque infrecuentes, suelen estar relacionados con casos de contaminación por aguas residuales o de abastecimiento de agua insuficientemente tratada.

El virus también puede transmitirse por contacto físico estrecho con una persona infectada, pero no se propaga por contactos ocasionales.

Síntomas

El periodo de incubación de la hepatitis A suele ser de unos 14–28 días.

Los síntomas de la hepatitis A tienen carácter moderado o grave y comprenden fiebre, malestar, pérdida de apetito, diarrea, náuseas, molestias abdominales, coloración oscura de la orina e ictericia (coloración amarillenta de la piel y la esclerótica ocular). Los infectados no siempre presentan todos esos síntomas.

Los adultos desarrollan signos y síntomas con mayor frecuencia que los niños. La gravedad de la enfermedad, así como la mortalidad, aumentan con la edad. Los menores de seis años infectados no suelen tener síntomas apreciables, y solo el 10% muestran ictericia. Entre los niños más mayores y los adultos la infección suele causar síntomas más graves, con ictericia en más del 70% de los casos. A veces la hepatitis A puede recidivar, es decir, una persona que acaba de recuperarse vuelve a caer enferma con otro episodio agudo, aunque posteriormente vuelve a recuperarse.

¿Quiénes corren riesgo?

Cualquier persona que no haya sido vacunada o no se haya infectado antes puede contraer la hepatitis A. En las zonas donde el virus está extendido (alta endemicidad), la mayoría de las infecciones se producen durante la primera infancia. Entre los factores de riesgo cabe citar los siguientes:

  • saneamiento deficiente
  • falta de agua salubre
  • drogas inyectables
  • convivencia con una persona infectada
  • relaciones sexuales con una persona con infección aguda por VHA
  • viajes a zonas de alta endemicidad sin inmunización previa.

Diagnóstico

Los casos de hepatitis A son clínicamente indistinguibles de otros tipos de hepatitis víricas agudas. El diagnóstico se establece mediante la detección en la sangre de anticuerppos IgM dirigidos específicamente contra el VHA. Otra prueba es la reacción en cadena de la polimerasa con retrotranscriptasa (RT-PCR), que detecta el RNA del virus de la hepatitis A, pero puede necesitar laboratorios especializados.

Tratamiento

No hay ningún tratamiento específico para la hepatitis A. Los síntomas pueden remitir lentamente, a lo largo de varias semanas o meses. Lo más importante consiste en evitar medicamentos innecesarios. No se deben administrar antieméticos ni paracetamol. La hospitalización es innecesaria en ausencia de insuficiencia hepática aguda. El tratamiento persigue el bienestar y el equilibrio nutricional del paciente, incluida la rehidratación tras los vómitos y diarreas.

Prevención

La mejora del saneamiento, la inocuidad de los alimentos y la vacunación son las medidas más eficaces para combatir la hepatitis A.

La propagación de la hepatitis A puede reducirse mediante:

  • sistemas adecuados de abastecimiento de agua potable
  • eliminación apropiada de las aguas residuales de la comunidad
  • prácticas de higiene personal tales como el lavado regular de las manos con agua salubre.

Hay varias vacunas inyectables inactivadas contra la hepatitis A. Todas son similares con respecto a la protección conferida y a los efectos colaterales. No hay ninguna vacuna aprobada para los menores de 1 año. En China también está disponible una vacuna oral con virus vivos.

Al cabo de un mes de haber recibido una sola dosis de la vacuna, casi el 100% de las personas habrá desarrollado niveles protectores de anticuerpos. Incluso después de la exposición al virus, una dosis de la vacuna dentro de las dos semanas posteriores al contacto con el virus tiene efectos protectores. Aun así, los fabricantes recomiendan dos dosis de la vacuna para garantizar una protección a más largo plazo, de entre cinco y ocho años.

Millones de personas han recibido vacunas inyectables inactivadas contra la hepatitis A sin que hayan presentado eventos adversos graves.

Actividades de inmunización

La vacunación contra la hepatitis A debe formar parte de un plan integral de prevención y control de las hepatitis virales. La planificación de programas de inmunización en gran escala debe comprender evaluaciones económicas detenidas y prever métodos alternativos o adicionales de prevención, como por ejemplo mejoras del saneamiento y educación sanitaria para fomentar la higiene.

La decisión de incluir o no la vacuna en la inmunización sistemática de los niños depende del contexto local. Hay que tener en cuenta la proporción de personas vulnerables en la población y el nivel de exposición al virus. En general, los países con endemicidad intermedia son los que más se benefician de la inmunización universal de los niños. Los países con baja endemicidad pueden considerar la posibilidad de vacunar a los adultos de alto riesgo. El uso de la vacuna es limitado en los países muy endémicos, pues la mayoría de los adultos gozan de inmunidad natural..

Países cuyos calendarios vacunales incluyen la hepatitis A

A fecha de junio de 2016, la vacuna contra la hepatitis A se utilizaba en la vacunación sistemática de los niños en 16 países: 6 de la Región de las Américas, 3 en la Región del Mediterráneo Oriental, 4 en la Región de Europa, y 3 en la Región del Pacífico Occidental.

  • los consumidores de drogas;
  • los viajeros a países en los que el virus es endémico
  • los hombres que tienen relaciones homosexuales
  • las personas con hepatopatía crónica (debido a su mayor riesgo de complicaciones graves en caso de infección por el virus de la hepatitis A).

En cuanto a la inmunización como respuesta a los brotes, las recomendaciones para la vacunación contra la hepatitis A deben tener en cuenta las circunstancias de cada caso concreto, en particular la viabilidad de emprender rápidamente una campaña de vacunación generalizada.

La vacunación de control de brotes comunitarios es más eficaz en las comunidades pequeñas, cuando la campaña se inicia tempranamente y cuando se alcanza una alta cobertura en varios grupos de edad. Las actividades de vacunación deben complementarse con educación sanitaria tendente a mejorar el saneamiento, las prácticas de higiene y la inocuidad de los alimentos.

Respuesta de la OMS

En mayo de 2016, la Asamblea Mundial de la Salud adoptó la primera Estrategia mundial del sector de la salud contra la hepatitis vírica, 2016-2021, que destaca la función crucial de la cobertura sanitaria universal y cuyas metas están alineadas con las de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. El objetivo final es eliminar las hepatitis víricas como problema de salud pública, y las metas consisten en reducir los casos incidentes en un 90% y la mortalidad en un 65% de aquí a 2030. La estrategia también define las medidas que han de adoptar los países y la Secretaría de la OMS para alcanzar dichas metas.

Con el fin de ayudar a los países a lograr los objetivos mundiales relativos a las hepatitis víricas en el marco de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, la OMS está trabajando en las siguientes esferas:

  • concientización, promoción de alianzas y movilización de recursos;
  • formulación de políticas basadas en pruebas científicas y datos para la acción;
  • prevención de la transmisión;
  • ampliación de los servicios de detección, atención y tratamiento.

La OMS también organiza el Día Mundial contra la Hepatitis el 28 de julio de todos los años, con el fin de acrecentar el conocimiento de las hepatitis víricas.


1Halliday ML1, Kang LY, Zhou TK, Hu MD, Pan QC, Fu TY, Huang YS, Hu SL. An epidemic of hepatitis A attributable to the ingestion of raw clams in Shanghai, China. J Infect Dis. 1991 Nov;164(5):852-9.

2Jacobsen KH, Wiersma ST. Hepatitis A virus seroprevalence by age and world region, 1990 and 2005. Vaccine 28 (2010) 6653–6657.

 



[1] «Hepatitis E»

(OMS / Notas descriptivas, 3 de julio de 2017)

FUENTE: OMS 2017 / Centro de prensa > Notas descriptivas

http://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/hepatitis-e

Hepatitis E

3 de julio de 2017

Datos y cifras

  • Se calcula que cada año hay unos 20 millones de casos de infección por el VHE, que producen 3,3 millones de casos sintomáticos de hepatitis E (1).
  • La OMS estima que en 2015 la hepatitis E provocó aproximadamente 44 000 defunciones (lo que representa el 3,3% de la mortalidad debida a una hepatitis vírica).
  • La hepatitis E suele ser autolimitada, pero en algunos casos puede ser fulminante (insuficiencia hepática aguda).
  • La hepatitis E afecta a todas las zonas del mundo, pero la prevalencia es mayor en Asia oriental y meridional.
  • China ha producido y autorizado una vacuna capaz de prevenir la infección por el VHE, aunque todavía no está disponible en otros países.

La hepatitis E es una enfermedad hepática causada por el virus de la hepatitis E (VHE): un pequeño virus con RNA monocatenario positivo.

Existen al menos cuatro genotipos distintos: el 1 y el 2 solo se han encontrado en el ser humano, mientras que el 3 y el 4 circulan en varios animales (entre ellos los cerdos, jabalíes y ciervos) sin causarles enfermedad, e infectan ocasionalmente al ser humano.

El virus se excreta en las heces de las personas infectadas y entra en el organismo humano por el intestino. Se transmite principalmente a través del agua de bebida contaminada. La infección suele ser autolimitada y se resuelve en 2-6 semanas, pero a veces causa una enfermedad grave, denominada hepatitis fulminante (insuficiencia hepática aguda), que puede ser mortal.

Distribución geográfica

La hepatitis E afecta a todas las zonas del mundo y puede encontrarse en:

  • zonas con escasos recursos y contaminación frecuente del agua, o
  • zonas con suministro de agua de bebida salubre.

La enfermedad es frecuente en países con escasos recursos y acceso limitado a servicios esenciales de suministro de agua, saneamiento, higiene y salud. En estas zonas puede aparecer en brotes o de forma esporádica. Los brotes suelen producirse tras periodos de contaminación fecal del suministro de agua de bebida y pueden afectar a varios cientos o miles de personas.

Algunos de esos brotes han ocurrido en zonas de conflicto o de emergencia humanitaria, como zonas en guerra y campos de refugiados o desplazados internos, situaciones en las que el saneamiento y el suministro de agua salubre plantean especiales problemas. Los casos esporádicos también parecen estar relacionados con la contaminación del agua o los alimentos, aunque a menor escala.

En estas zonas la mayoría de los casos son causados por virus del genotipo 1 y, con mucha menor frecuencia, del genotipo 2.

En las zonas con mejor suministro de agua y saneamiento la hepatitis E es infrecuente y solo hay casos esporádicos, la mayoría de ellos causados por virus del genotipo 3, de origen animal, generalmente por consumo de carne poco cocinada (en particular el hígado), y no relacionados con la contaminación del agua ni de los alimentos.

En la mayoría de las zonas se han obtenido pruebas serológicas de exposición anterior al virus, y las tasas de seroprevalencia (proporción de personas con anticuerpos IgG anti-VHE positivos) son más elevadas en las zonas con saneamiento deficiente y, por consiguiente, mayor riesgo de transmisión.

No obstante, la presencia de estos anticuerpos no implica necesariamente la presencia de enfermedad ni un aumento del riesgo. La utilidad de estos datos con fines epidemiológicos también puede ser escasa debido al rendimiento variable, y posiblemente subóptimo, de las pruebas serológicas disponibles y de la posible desaparición de los anticuerpos con el paso del tiempo en quienes han estado expuestos al virus.

Transmisión

El virus de la hepatitis E se transmite principalmente por vía fecal-oral, como consecuencia de la contaminación fecal del agua de bebida. Esta vía explica una muy gran proporción de casos clínicos. Los factores de riesgo de la hepatitis E están relacionados con el saneamiento deficiente, que permite que los virus excretados en las heces de las personas infectadas lleguen al agua de bebida.

También se han observado otras vías de transmisión, pero que solo explican un número mucho menor de casos:

  • la ingestión de carne o productos cárnicos poco cocinados derivados de animales infectados;
  • la transfusión de productos sanguíneos infectados;
  • la transmisión vertical de una embarazada al feto.

La ingestión de mariscos crudos o poco cocinados puede ser fuente de casos esporádicos en las zonas endémicas.

Síntomas

El periodo de incubación tras la exposición al VHE oscila entre 2 y 10 semanas, con una media de 5 a 6 semanas. Se cree que las personas infectadas empiezan a excretar el virus desde pocos días antes hasta unas 3 a 4 semanas después del inicio de la enfermedad.

En zonas muy endémicas la infección sintomática es más frecuente en los adultos jóvenes (15 a 40 años). Aunque en estas zonas la infección puede afectar a los niños, estos suelen ser asintomáticos o presentar únicamente una enfermedad leve, anictérica, que pasa sin ser diagnosticada.

Los signos y síntomas característicos de la hepatitis son:

  • una fase inicial con fiebre leve, disminución del apetito (anorexia), náuseas y vómitos, que dura pocos días; algunas personas pueden tener también dolor abdominal, prurito (sin lesiones cutáneas), erupciones cutáneas, o dolores articulares.
  • ictericia (coloración amarillenta de la piel y la esclerótica de los ojos) con orinas oscuras y heces claras, y
  • un ligero aumento del tamaño del hígado (hepatomegalia), con dolor a la palpación.

Estos síntomas suelen ser indistinguibles de los sufridos en otras enfermedades hepáticas y suelen durar entre 1 y 6 semanas.

En raras ocasiones la hepatitis E aguda se convierte en una hepatitis fulminante (insuficiencia hepática aguda) que puede ser mortal. La hepatitis fulminante es más frecuente durante el embarazo.

Las embarazadas con hepatitis E, sobre todo en el segundo y tercer trimestres, presentan mayor riesgo de insuficiencia hepática aguda y de muerte propia y del feto. En el tercer trimestre se han registrado tasas de letalidad de hasta un 20-25%.

Se han descrito casos de infección crónica por VHE de los genotipos 3 y 4 en pacientes inmunodeprimidos, sobre todo en receptores de transplantes y pacientes tratados con inmunosupresores.

Diagnóstico

Los casos de hepatitis E no se pueden distinguir clínicamente de otros tipos de hepatitis víricas agudas. Sin embargo, el diagnóstico puede sospecharse en entornos epidemiológicos propicios, como cuando hay varios casos en localidades de zonas endémicas, cuando hay riesgo de contaminación del agua, cuando la enfermedad es más grave en las embarazadas o cuando ya se ha descartado la hepatitis A.

El diagnóstico definitivo de la hepatitis E suele basarse en la detección en la sangre de anticuerpos IgM específicos contra este virus, prueba que suele ser suficiente en zonas donde la enfermedad es frecuente.

Otra prueba es la reacción en cadena de la polimerasa con retrotranscriptasa (RT-PCR), que detecta el RNA del virus de la hepatitis E en la sangre o las heces, pero necesita laboratorios especializados. Es especialmente necesaria en zonas donde la hepatitis E es infrecuente y en casos con infección crónica.

Se ha desarrollado una prueba para detectar antígenos del virus en el suero y se está estudiando su utilidad en el diagnóstico de la hepatitis E.

Tratamiento

No existe ningún tratamiento específico que altere el curso de la hepatitis aguda. Como la enfermedad suele ser autolimitada, generalmente no es necesario hospitalizar al paciente. Sin embargo, la hospitalización es necesaria en pacientes con hepatitis fulminante, y también puede serlo en embarazadas sintomáticas.

Los pacientes inmunodeprimidos con hepatitis E crónica se benefician del tratamiento con ribavirina, un antivírico. En algunas situaciones específicas también se ha utilizado con éxito el interferón.

Prevención

La prevención es la medida más eficaz contra la enfermedad. A nivel poblacional, la transmisión del VHE y la hepatitis E se pueden reducir:

  • manteniendo la calidad de los sistemas públicos de suministro de agua;
  • estableciendo sistemas adecuados de eliminación de las heces humanas.

A nivel individual, el riesgo de infección se puede reducir:

  • adoptando prácticas higiénicas como lavarse las manos con agua salubre, sobre todo antes de manipular alimentos;
  • evitando beber agua o consumir hielo de pureza desconocida;
  • observando las prácticas recomendadas por la OMS para garantizar la inocuidad de los alimentos.

En 2011 se registró en China una vacuna recombinante de subunidades para prevenir la infección por el VHE, pero todavía no se ha aprobado en otros países.

En 2015 el Grupo de Expertos en Asesoramiento Estratégico (SAGE) en materia de inmunización examinó los datos existentes sobre la carga de hepatitis E y la seguridad, inmunogenia, eficacia y costoefectividad de la vacuna.

La OMS también ha publicado un documento de posición basado en la revisión del SAGE, cuyas recomendaciones se resumen más adelante en el apartado «Respuesta de la OMS».

Directrices para la adopción de medidas ante una epidemia

La OMS ha publicado un manual sobre la identificación, investigación y control de los brotes de hepatitis E con origen en el agua.

En resumen, ante la sospecha de un brote de hepatitis E se recomiendan las siguientes medidas:

  • comprobación del diagnóstico y confirmación de la existencia de un brote:
  • determinación del modo de transmisión e identificación de la población con más riesgo de infección;
  • mejora de las prácticas de saneamiento e higiene para eliminar la contaminación fecal del agua y los alimentos, y
  • eliminación de la fuente de la infección.

Respuesta de la OMS

La OMS ha publicado un informe técnico titulado Waterborne Outbreaks of Hepatitis E: recognition, investigation and control [Brotes de hepatitis E de origen hídrico: detección, investigación y control]. El manual presenta información sobre la epidemiología, las manifestaciones clínicas y el diagnóstico de la enfermedad, así como orientaciones para ayudar a las autoridades de salud pública a hacer frente a los brotes de infección por el virus de la hepatitis E.

El Grupo de Expertos de la OMS en Asesoramiento Estratégico (SAGE) en materia de inmunización publicó en 2015 un documento de posición sobre la hepatitis E en el que se pasaba revista a los datos científicos actuales sobre la carga de hepatitis E y sobre la seguridad, inmunogenia, eficacia y costoeficacia de la vacuna aprobada contra la hepatitis E. Con respecto al uso de tal vacuna:

  • La OMS reconoce que la hepatitis E es un importante problema de salud pública en muchos países en desarrollo, en particular entre determinados grupos de población como las embarazadas y las personas que viven en campamentos para desplazados o en lugares con brotes epidémicos.
  • La OMS no recomienda que se introduzca la vacuna en programas nacionales para su administración sistemática en poblaciones donde son comunes los brotes epidémicos o los casos esporádicos de hepatitis E. Ahora bien, puede que las autoridades nacionales, teniendo en cuenta la epidemiología local, decidan que se administre la vacuna.
  • Dada la falta de suficiente información sobre la seguridad, inmunogenia y eficacia de la vacuna en los siguientes subgrupos de población, la OMS no recomienda su administración sistemática en niños menores de 16 años, embarazadas, pacientes con enfermedades hepáticas crónicas, pacientes en listas de espera para un trasplante, y las personas que vayan a viajar.
  • Pueden darse situaciones especiales, como brotes epidémicos, en las que el riesgo de hepatitis E, de complicaciones conexas o de mortalidad sea especialmente alto. En esos casos no debe descartarse la administración de la vacuna, pese a la posición actual de la OMS sobre los programas de vacunación sistemática. En particular, debe considerarse la posibilidad de administrar la vacuna para mitigar o prevenir brotes de hepatitis E, así como para evitar posibles consecuencias en grupos de alto riesgo, como las embarazadas.
  • A medida que se disponga de nuevos datos, la posición actual de la OMS sobre la vacuna contra la hepatitis E se examinará y se pondrá al día según sea necesario en función de la nueva información.

Actualmente la OMS colabora con expertos y asociados de todo el mundo en la elaboración de un protocolo genérico para utilizar la vacuna contra la hepatitis E como intervención de respuesta a los brotes. Asimismo, se trabaja con grupos similares para crear un algoritmo simplificado de diagnóstico, triaje y gestión de la hepatitis E durante un brote.

En mayo de 2016 la Asamblea Mundial de la Salud adoptó la primera Estrategia mundial del sector de la salud contra las hepatitis víricas, 2016-2021, en la que se destaca el papel fundamental de la cobertura sanitaria universal y cuyas metas están en línea con las de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

La estrategia tiene como objetivo último la eliminación de las hepatitis víricas como problema de salud pública, y para ello pone como metas mundiales para 2030 la reducción de las nuevas infecciones por virus de la hepatitis en un 90% y la reducción de su mortalidad en un 65%. En la estrategia se definen las medidas que han de adoptar los países y la Secretaría de la OMS para alcanzar estas metas.

Para ayudar a los países a avanzar en la consecución de los objetivos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible referidos a las hepatitis, la OMS está trabajando en las esferas siguientes:

  • sensibilización, promoción de alianzas y movilización de recursos;
  • formulación de políticas con fundamento científico y datos prácticos para la actuación;
  • prevención de la transmisión; y
  • detección sistemática, asistencia y tratamiento.

La OMS organiza además el 28 de julio de cada año el Día Mundial contra la Hepatitis, para fomentar el conocimiento y comprensión de las hepatitis virales.


1 Rein DB, Stevens GA, Theaker J, Wittenborn JS, Wiersma ST. The Global Burden of Hepatitis E Virus Genotypes 1 and 2 in 2005. Hepatology, Vol. 55, No. 4, 2012: 988-997

 


 

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